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En las últimas décadas las migraciones internacionales en la región han sufrido variaciones respecto de la dirección, intensidad y composición de los flujos migratorios, así como del papel que asumen algunos países en el sistema migratorio internacional. En este marco, las migraciones internacionales contemporáneas que involucran a las poblaciones de sudamericanos adoptan dos patrones claramente definidos: intrarregionales y extrarregionales. Entre los primeros figuran los movimientos que se orientan desde países de la región hacia otros países comprendidos por la misma, en tanto que las migraciones extrarregionales son las que se producen entre los países de la región y los países de fuera de la misma, ya sea en sentido hacia Sudamérica o hacia otras regiones del mundo.

En la actualidad, las migraciones en la región muestran un aumento de los movimientos intrarregionales, facilitados por la difusión de las tecnologías de comunicación, abaratamiento de los costos de transporte y, esencialmente, por la condiciones políticas que rigen en la región, a partir de la implementación y puesta en funcionamiento de los mecanismos de integración regionales (la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la Unión de Naciones Suramericanas, la Comunidad Andina y el Mercado Común del Sur). A su vez, los países de destino tradicionales de las migraciones desde América del Sur, particularmente los más desarrollados, levantan crecientes barreras impidiendo los flujos de entrada y salida, así como la residencia, en los mismos.

Estos movimientos intrarregionales tienen por destino, principalmente, los países del Cono Sur. Entre estos, Argentina, Chile y Brasil son los que atraen a los números más significativos de migrantes de la región, procedentes la mayoría de estos de los países andinos y Paraguay. Las disparidades en las oportunidades económicas y laborales continúan siendo los factores que motorizan estos procesos migratorios.

Otro patrón migratorio es la emigración de nacionales de América del Sur a América del Norte (Estados Unidos y Canadá) y Europa (principalmente España e Italia). La emigración extrarregional tiene una larga historia en la región y en las últimas décadas ha sido alentada por las debilidades en los ámbitos económicos y sociales en los países de origen. Si bien este fenómeno se extiende hasta nuestros días, desde la última crisis económica padecida por los países europeos, en especial los del Sur de ese continente, se observa una reducción de la emigración hacia dichos destinos.

El tercer patrón de migración es la inmigración extrarregional. En los últimos años, el número de personas procedentes de otras regiones que se asientan en América del Sur se ha incrementado significativamente. Así pues, la inmigración de nacionales de ciertos países de África, Asia, América del Norte, América Central, el Caribe y Europa ha ido en aumento.

Por último, América del Sur recibe un importante número de retornados de los países desarrollados. Esta es probablemente la consecuencia de la crisis laboral y de los sistemas de protección social que afecta desde hace algunos años a los principales países europeos de destino. Varios gobiernos de la región tienen programas de retorno que incluyen el apoyo para el regreso y la reintegración de sus nacionales.

En términos de la composición de la población migrante, se destaca que América del Sur ha experimentado en las últimas décadas una creciente feminización de sus flujos migratorios, motivada por cambios en la demanda laboral y en las estrategias familiares, en las que las mujeres juegan un papel central. Al mismo tiempo, se destaca que los migrantes se concentran en los grupos etarios de entre 20 y 60 años, consolidando con esto el perfil fuertemente laboral de estas corrientes migratorias.